s e r g i o | v a l a d e z

Sergio Valadez

Arquitectura para el ser humano

& ODA A LAS COSAS &


AMO las cosas loca,


locamente.


Me gustan las tenazas,


las tijeras,


adoro


las tazas,


las argollas,


las soperas,


sin hablar, por supuesto,


del sombrero.


Amo


todas las cosas,


no sólo


las supremas,


sino


las


infinita-


mente


chicas,


el dedal,


las espuelas,


los platos,


los floreros.



Ay, alma mía,


hermoso


es el planeta,


lleno


de pipas


por la mano


conducidas


en el humo,


de llaves,


de saleros,


en fin,


todo


lo que se hizo


por la mano del hombre, toda cosa:


las curvas del zapato,


el tejido,


el nuevo nacimiento


del oro


sin la sangre,


los anteojos,


los clavos,


las escobas,


los relojes, las brújulas,


las monedas, la suave


suavidad de las sillas.


Ay cuántas


cosas


puras


ha construido


el hombre:


de lana,


de madera,


de cristal,


de cordeles,


mesas


maravillosas,


navíos, escaleras.



Amo


todas


las cosas,


no porque sean


ardientes


o fragantes,


sino porque


no sé,


porque


este océano es el tuyo,


es el mío:


los botones,


las ruedas,


los pequeños


tesoros


olvidados,


los abanicos en


cuyos plumajes


desvaneció el amor


sus azahares,


las copas, los cuchillos,


las tijeras,


todo tiene


en el mango, en el contorno,


la huella


de unos dedos,


de una remota mano


perdida


en lo más olvidado del olvido.



Yo voy por casas,


calles,


ascensores,


tocando cosas,


divisando objetos


que en secreto ambiciono:


uno porque repica,


otro porque


es tan suave


como la suavidad de una cadera,


otro por su color de agua profunda,


otro por su espesor de terciopelo.


Oh río


irrevocable


de las cosas,


no se dirá


que sólo


amé


los peces,


o las plantas de selva y de pradera,


que no sólo


amé


lo que salta, sube, sobrevive, suspira.


No es verdad:


muchas cosas


me lo dijeron todo.


No sólo me tocaron


o las tocó mi mano,


sino que acompañaron


de tal modo


mi existencia


que conmigo existieron


y fueron para mí tan existentes


que vivieron conmigo media vida


y morirán conmigo media muerte.



Pablo Neruda